2·historias

#2 volar lejos de aquí

En ocasiones escribo! Esto es de ayer 🙂 y sigue por aquí

Se levantó del sofá. Aún llevaba la ropa de la noche anterior y los recuerdos de una vida pasada puestos. No, aquel no era el mejor momento para desembalar las cajas que contenían lo que quedaba de ella. Pero ¿acaso el mejor momento existe?. Caminó hacia la entrada del piso y tropezó. Estaba mareada y aquellos malditos zapatos altos eran sólo una más de las señales que la invitaban a rendirse. Se quedó allí tumbada, mirando las treinta cajas que se levantaban delante de ella, como si se le fuesen a caer encima en cualquier momento. Miró hacia arriba y suspiró y maldijo al karma, al destino, a la suerte y a todo aquel que se estuviese riendo de ella. Aún sentía el olor del ron que había bebido y necesitaba un café para despertar.

Se descalzó y se puso las vans. Sus vans de siempre. ¿Quién la habría mandado a cambiarlas por aquellos zapatos asesinos?. Abrió el armario y cogió la primera sudadera que había a mano, pero no era suya y le iba por lo menos 4 tallas grande. Fue hacia la cocina, el café era la primera parada que tenía que hacer para poder abrirse paso entre todos sus recuerdos, que la miraban de reojo envueltos en cartón marrón y mucha cinta adhesiva. Mientras recordaba momentos de la noche anterior hizo café, puso dos tazas en la mesa y las llenó. Entonces se dió cuenta ¿dos tazas?, y miró hacia arriba enfadada con el mundo. No había nadie con ella, ya no. Así que aceptó su soledad, se sentó y se tomó las dos tazas de café como quien se toma un jarabe asqueroso para la tos. Se concedió diez segundos para pensar y miró, desganada, el montón de cajas de la entrada. Dudó un momento y pensó que quizás si cerraba los ojos, al abrirlos todo estaría en su sitio y podría seguir adelante con su vida. Sonrió con los ojos cerrados, pero cuando los abrió nada había cambiado.

Estaba sola en el loft que había alquilado cerca de la casa de su madre. Se había mudado hacía apenas 2 semanas, con prisa y sin ganas de pensar. Sentía que había llegado allí huyendo de algo, y en parte era así. Las paredes estaban totalmente desnudas y blancas como la nieve. No había ni rastro de lo que ella era, ni el más mínimo detalle indicaba que aquel era su refugio. El suelo estaba frío y cada pequeño ruido se reproducía por el eco en aquel hogar vacío. Todas las ventanas estaban cerradas y olía a pintura y humedad.
Se estiró para coger el mando de la tele y la encendió esperando que diesen algo para entretenerse. Sabía que estaba intentando retrasar el momento de abrir todas aquellas cajas. Cambió de canal sin suerte, sólo noticias y gente gritando. Dejó la tele encendida y fue a poner música en el portátil  Mientras cerraba todos los programas que se cargaban en la pantalla y cancelaba los mensajes de error pensaba en aquella canción que solía escuchar cuando todavía era una adolescente y estaba triste. Tecleó “fly away from here” en el buscador y en pocos segundos sonaba Aerosmith. Hacía años que no la escuchaba pero recordaba perfectamente la letra y la cantó, la cantó muy alto, como si estuviera sola. Y lo estaba. Pero quizás no estaba mal para variar. Pulsó el botón de “repetir” y la escuchó 3 veces más, hasta que se descubrió a si misma levantando las persianas, abriendo las ventanas y dejando entrar un poco de luz y de aire. Sacó el móvil y se hizo una foto sonriendo a la cámara.
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